domingo, 17 de abril de 2011

RITOS DE SEMANA SANTA

Cuando era pequeña, iba a un colegio de monjas. No pretendieron jamás inculcarme la religión católica, supongo porque pensaban que ya venías con ella incorporada de casa. Craso error. Yo por aquel entonces pensaba en el porqué de las cosas, y tenía varias preguntas para hacer, aunque reconozco que no las hice por precaución y porque me dí cuenta que usando la lógica podía llegar por mí misma a las respuestas. En mi casa, aunque sólo se iba a la iglesia para bodas, bautizos y comuniones, se observaban ciertos ritos católicos, como no comer carne el jueves y el viernes santo. Era horroroso, porque el menú se llenaba de extraños platos compuestos generalmente por bacalao que, bien sea por escasa pericia culinaria, o por ser de zonas del pescado no demasiado nobles, cuando los masticabas se hacían una bola en la boca que tenías que tratar disimuladamente de tirar lo más lejos posible sin que lo viera tu madre. Esto de no comer carne se hacía, me dijeron, porque Nuestro Señor estaba muerto. Luego me enteré de que previo pago de ciertas cantidades dinerarias, se podía obtener de los estamentos sacerdotales unos permisos o dispensas que te permitían ponerte morao de ternascos. Vaya vaya...el tema del catolicismo tuvo su final cuando en el colegio nos comentaron que había que hacer un sacramento que se llamaba confirmación. A mí no me habían hablado jamás de él, y no sabía en qué consistía. Además, se notaba cierto secretismo cuando hablaban de esta ceremonia...dijeron que era voluntario. Pregunté de qué se trataba, y aquí se acabó todo: me dijeron que había que hacer una ceremonia en la cual uno de los rituales era untar la frente con aceite y ceniza..¡¡¡.yuyu¡¡¡ ¡Qué mal rollito! Mi imaginación, calenturienta, hay que reconocerlo, empezó a crear imágenes de gente con capuchas color malva en un sótano oscuro alrededor de una mesa redonda, con medallones dorados al cuello y con antorchas en las paredes y las tiernas infantas atadas con grilletes a las paredes del sótano, desnudas (las infantas, no las paredes)...Y como nadie me obligó, ahí se quedó la cosa. Desde que vivo con mi marido, lo de no comer carne en jueves y viernes santo no se contempla; porque, claro...qué más da que le demos al bacalao o al jamoncillo, si ya estamos condenados al infierno por vivir en pecado... Porque...supongo que nadie se había imaginado a Robin d´Ebre vestida de blanco y maquillada hasta la médula, con un lirio en la mano...¿verdad?

1 comentario:

Robin dijo...

Estoy releyendo esto habiendo pasado cierto tiempo...bueno, con el lirio en la mano no...y vestida de blanco, tampoco...
;)