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viernes, 8 de agosto de 2014

ULTIMA NOCHE...PERO ¡VOLVEREMOS!

Amanece, nos duchamos y pensamos qué vamos a caminar hoy...pues de La Guingueta d'Àneu a Escaló, un pueblo que fue fortificado en la Edad Media y que conserva los portalones de entrada al recinto amurallado y torres de vigilancia. La iglesia es espectacular, y no entendemos muy bien cómo se permite construir un edificio sin gracia ninguna a escasos centímetros -y no exageramos-, centímetros de la pared sur de una iglesia del siglo XI. Pasa lo mismo en València d'Àneu con la ermita de Sant Cosme i Damià, a la cual han adosado con singular gracia un edificio ochentero que para mayor gloria es de color crema en su fachada, amén que parece abandonado. Luego nos piden a los ciudadanos consumidores de hoy día papeles hasta para montar un cobertizo en medio de la nada, pero bueno, eso es ya otra historia...la cuestión es que el lugar es hermosísimo, y nos extraña, a la par que nos alegra, que no forme parte de las guías que masifican el turismo con la excusa de la arquitectura montaraz.
                                       Sant Cosme i Sant Damià, adosada a la modernidad.
 Comemos en la plaza mayor sentados frente a la fuente, y seguimos triscando valle abajo porque nuestro objetivo es llegar a Llavorsí, pueblo que ya de subida agradó sobremanera al vascón. No sabía él aún que el pueblico es montañés de veras y para llegar a lo más alto hay que subir escaleras varias y cuestas de esas que permiten a los lugareños llegar a los 90 años de edad sin colesterol y sin hipertensión; que como te olvides el pan y tengas que bajar a por él, fijo que ayunas ese día.
Y llega la última noche pirenaica...libres, bajo el creciente suave y cremoso de la luna de agosto. Nos miramos, acabaditos perdidos...y...sí...¡volveremos!

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