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miércoles, 22 de abril de 2015

EMPOBRECIMIENTO DEL SUELO AGRICOLA

Estados erosivos. Pérdidas de suelo en tonelada/hectárea y año. En rojo, más de 50. Fuente:www.ign.es

Riesgo de desertificación. En rojo, muy alto. Rojo, alto. Naranja, medio. Fuente: Instituto Geofráfico Nacional, Ministerio de Fomento, Gobierno de España. www.ign.es


La zona del mediterráneo seco y el Valle del Ebro son castigadas por factores que producen una erosión de los suelos de niveles altamente preocupantes. En concreto la comarca de la Ribera d´Ebre se sitúa en las zonas de mayor riesgo de desertificación, así como presenta un altísimo nivel de pérdida de suelo anual.
Esta pérdida de suelo, nefasta para la agricultura, es producida por dos factores:

-cambio a nivel climático: aumento de las temperaturas medias y descenso de la pluviometría. Zona de fuertes vientos de componente noroeste que bajan del norte por el valle, llegando secos.

-actividad humana, principalmente la alta presión de las labores agrícolas sobre un suelo muy degenerado y pobre por la acción de los factores físicos que lo degradan, como es el caso de la lluvia y los incendios forestales. La lluvia, por efecto de la lixiviación sobre suelos desnudos, arrastra la capa superficial fértil. Los incendios forestales calcinan la capa protectora vegetal y exponen el suelo a la lixiviación, privado de la protección de las raíces de las plantas que lo sustentan.

Es esencial que las costumbres agrarias cambien para evitar dejar desnudo el suelo de estas ya empobrecidas zonas. Los agricultores piensan que la capa herbácea superficial es un competidor a la hora de absorber nutrientes por parte de sus cultivos. Esto no es así en la mayoría de especies arbóreas que desarrollan sistemas radiculares más profundos que los que se observan en la capa herbácea.
El labrado provoca la eliminación de la cubierta de hierba protectora, así como daña los sistemas radiculares superficiales de los árboles, que disminuyen por lo tanto su capacidad de retención de las partículas del suelo.
Se percibe, de todas formas, un cambio de costumbres en cuanto al menor manejo del arado en incremento de otros laboreos (segadora, picadora) que buscan aprovechar restos de poda y de recortes para aportar estos residuos a las capas superficiales con el fin de que sean descompuestos y pasen a ser incorporados al suelo. Esperemos que estas costumbres agrarias se extiendan con mayor rapidez, antes de que sea demasiado tarde para las generaciones futuras.

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