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jueves, 2 de abril de 2015

LA NATURALEZA NO ES SABIA

Si alguien, a estas alturas de la película, sigue pensando que la naturaleza es sabia, que vaya abriendo los ojitos y mire a su alrededor. Muchos de los defensores de tal hipótesis argumentan que los que lo hacemos todo mal somos los humanoides, a los cuales por lo que se ve no consideran parte de la querida Madre Natura. Naturalmente -nunca mejor dicho- somos unos primates más pertenecientes al género Homo que tenemos capacidades algo más complejas de manejo de información y herramientas, pero más allá de eso no nos diferenciamos demasiado del resto del Reino Animal.
Un ejemplo sobre el mal funcionamiento de Madre Natura se ve ilustrado esta misma mañana: nuestra gata Aina, otras veces tan buena madre, ha optado en este parto por dejar a sus gatitos escondidos en un recoveco inaccesible y sin prestarles apenas atención. Así que hemos tenido que intervenir los humancillos para rescatar a los chiquitines, de manera que hemos conseguido acceder a la inaccesibilidad y rescatar a cuatro gatitos, de los cuales uno ha muerto; hemos conseguido reanimar a otros dos, y uno está bien porque lo hemos pillado recién parido. Ahora Aina ha consentido en quedarse dentro de casa, y los está atendiendo. A ver qué pasa. Pero ya os digo yo que la naturaleza es tan imperfecta que nadie, por mucho que se empeñen algunos, la ha creado de manera omnipotente y bondadosa. Es un truño bastante considerable, y a ver si se abren los ojitos y se acepta que todo es producto de una coevolución que no precisa creacionismo ni dioses. Un dios que permite sufrir a los niños no es, desde luego, adorable. Incluso el Papa Francisco se quedó sin palabras cuando una niña filipina,Glyzelle Palomar, de 12 años, niña de la calle, se lo manifestó, así, descarnadamente: ¿por qué Dios permite estas cosas, aunque no es culpa de los niños? ¿Y por qué tan poca gente nos viene a ayudar?

2 comentarios:

Dorisalon dijo...

Ciertamente... Estoy de acuerdo con la niña. Un abrazo

Robin dijo...

Otro abrazo para ti. Lamentablemente, la niña tiene razón. Y ojalá fuera de otra manera.