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lunes, 2 de noviembre de 2015

HASTA LAS NARICES DEL CLIMA MEDITERRANEO




Efectivamente, el año 2015 está resultando seco. Fallaron las lluvias de primavera, condenándonos a una entrada de verano con déficit de precipitación. Luego, dos olas de calor, una en mayo y otra en julio, han hecho del estío el más caluroso de todos los que están registrados, y consiguieron que el verano fuera un pequeño infierno. Lo que ha salvado la cosecha de olivos en secano es el hecho de que en junio precipitaran unos 55 litros por metro cuadrado, oasis en un desierto de arena, viento y sequedad. Octubre pincha, de nuevo: 2 litros por metro cuadrado.
Ahora mismo, una depresión aislada a niveles altos, una DANA, se cierne sobre nosotros. Lleva varias horas provocando grandes lluvias en Andalucía y la zona del Levante. Menos mal que su comportamiento es diferente al de los sistemas frontales asociados a borrascas atlánticas, que cuando llegan sobre la vertical del extremo sur del valle del Ebro, de manera sorprendente (no por inhabitual, sino por inexplicado), se desestructuran, se disgregan, y a la altura de la Ribera d´Ebre pierden organización, bravura y energía.
La primera gráfica sigue siendo esa comparativa irónica sobre cómo puede cambiar el clima en tan sólo una distancia de 400 km lineales, entre el Mediterráneo y el Cantábrico. En la segunda, presentamos la lluvia en litros por metro cuadrado caída en La Sisquella en lo que llevamos de año 2015 (columnas rojas) frente a la media de la pluviometría mensual que hemos registrado en 2013 y 2014. Claramente, en lo que llevamos de año, el déficit es muy alto. Demasiado alto. Y en octubre se secó la ubre.
Pero noviembre llega con 90 litros por metro cuadrado en La Sisquella, caídos en 3 horas. Arreglará el promedio del año, pero no borrará lo pasado. Y dejará, como véis, nuevas heridas. Qué pesadez...hasta las mismísimas gónadas estoy.

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