Nos faltaba una ermita por visitar en Calaceite. Allá vamos.
Nos cuesta un poco hacer esta excursión porque es la primera desde la muerte de Gala y nos falta un miembro destacado del equipo.
El lugar es una joya. En medio de campos que verdean con el cereal y con almendros en flor, la llanura nos lleva hasta la ermita. Se edificó a la vera de una fuente que brota a ras de tierra y sobre suelo sagrado, tal y como lo marcan las piedras arcanas y esos recipientes inquietantes que sugieren el reposo eterno: aquí más enigmáticos, porque son pequeños. Pensaremos que su uso era otro, más vital: acaso abrevaderos.

















