Una tarde lluviosa es ideal para ir al museo. En Calaceite está el de Juan Cabré, lugar que atesora objetos provenientes de varios aspectos de la cultura arcana de esta tierra. Me atraen en especial los que pertenecen a la cultura ibera. Vamos dentro.
En esta vitrina se exponen joyas íberas, romanas y visigodas. Los collares de ámbar son muy hermosos.
En la siguiente sala hay armas íberas: un casco, espadas cortas, rodelas de escudos: me inquietan. Me recuerda que los humanos son violentos desde su origen.
Pasamos a la zona de las cuevas y abrigos prehistóricos. Hay reproducciones de las pinturas rupestres más emblemáticas de la zona; y aquí ya empiezo a notar que siento una emoción extraña: como una inquietud pesarosa. Hay algo que flota en esas salas, algo sublime y perenne.
Sigo sintiendo eso en la sala de los ex-votos iberos. Estas figuritas significaron mucho para ciertas personas hace mucho tiempo y su magia permanece intacta. Hay animalitos también: perritos, gallos, caballitos... Las de personitas producen una gran ternura: extienden los bracitos pidiendo u ofreciendo algo.
Cerámicas perfectas forman parte de la colección, y como objeto destacado, el caballo de bronce, soporte de caldero hallado en el poblado de Les Ferreres en Calaceite que es joya indiscutible del arte ibero. Éste es réplica del original, pero contiene su espíritu sin duda.




















