Queridos muchachitos de Sherwood: hace 16 años que abrí este blog. Desde entonces, hemos compartido cosechas, aprendizajes, historias culturales alrededor de la tierra y la alegría de ver crecer cada planta. Este blog se ha convertido en una parte divertida de mi vida.
Sin embargo, las cosas han cambiado. En los últimos tiempos, las consecuencias del cambio climático se han vuelto innegables en el entorno sisquellano: la sequía, las temperaturas extremas y la falta de agua han hecho que mantener el huerto como lo conocíamos sea insostenible, y ver cómo las plantas ornamentales se secan día tras día ha sido realmente frustrante y agotador. El punto de no-retorno que me fijé para mis adentros fue el momento en el que los rosales se vinieran abajo: y ese momento ha llegado.
Me he planteado dejar de escribir en el blog, porque en verdad La Palma d'Ebre ya no nos puede aportar más aventuras en las que podamos sobrevivir y tampoco es cuestión de dejarse aquí los higadillos, que bastante nos los hemos dejado ya (de hecho, yo me he dejado las glándulas suprarrenales, que ya no me funcionan). Sin embargo, no quería decir adiós a tantos años de recuerdos. Así que he decidido que a partir de ahora, voy a orientar este espacio de manera que no dependa del lugar en donde residamos: conservaré el título pero eso no significa que siempre estemos aquí. Va a ser un espacio dedicado a la belleza de lo que sí prospera en climas áridos: me embarco en la aventura de coleccionar y cultivar cactáceas y plantas crasas. Vamos a descubrir juntos la increíble variedad de texturas, flores sorprendentes y estrategias de supervivencia que tienen estas especies fascinantes.
Además, seguiremos manteniendo la esencia cultural del blog: relatos, reflexiones, reseñas de libros y divulgación botánica.
El clima cambia, pero mi amor por la naturaleza sigue intacto.
Nos leemos mañana con el primer cactus de la colección. Un abrazo fuerte a todos.













