
SEÑORAS Y SEÑORES, TENGO EL HONOR DE PRESENTARLES A...TYCHO.
Bueno, pues mientras pastábamos ayer por la tarde con las cabras y jugábamos a tenis con cañas y piedras (Rafica Nadal y Djokovic estaban jugando la final del Open de Madrid y estábamos inspirados), aparecieron de nuevo Patricio y su mujer. Habían encontrado el pony en la otra punta del término municipal, donde está el pequeño embalse de La Palma. ¡Y ahí que vamos de nuevo, a buscarlo! Ni rastro de los diablillos verde y rojo. Y después de traerlo caminando del pueblo hasta la Sisquella (7 Km) que se nos hicieron cortísimos...¡¡¡ya tengo a mi niño!!
En los papeles se llama Fary, pero como que no, con todos mis respetos para el simpático cantante, ahora en el cielo. Así que aunque oficialmente conste este nombre, nosostros le vamos a llamar Tycho, que es nombre de enjundia, en honor a Tycho Brahe. Este buen hombre fue un observador del cielo nocturno al cual debemos una serie de recopilaciones de datos sobre movimientos planetarios de tres pares de huevos. Lo que le perdía es que, como tenía pasta, era un pinta, y se pasaba mucho tiempo con juergas y excesos. Estos últimos lo mataron, a causa de, se supone, ácido úrico, colesterol por las nubes y demás derivados de los excesos alimentarios. Pero tuvo la fortuna de que se cruzara en su camino Johannes Kepler, formidable teórico que se pasó la vida intentando encontrar un modelo del movimiento planetario que encajara con los cuerpos geométrios que se consideraban perfectos. Bueno, en resumen, que las observaciones de Tycho sirvieron a Kepler para enunciar sus formidables (siempre me han encantado, las amo) tres Leyes de Kepler sobre el movimiento de los planetas y las órbitas que describen.
Pues a las seis de la mañana hoy ya estamos despiertos. Casi no he podido dormir en toda la noche, como si fuera una niña en la noche de Reyes. Ahora nos toca un buen desayuno, y a construir una cuadra para nuestro pequeño astrónomo, que esta noche ha dormido bajo un olivo vigilado por las estrellas y los planetas que tanto amaron Tycho y Kepler.