Buenas noticias: ya se maduran los higos chumbos.
Malas noticias: ¡No me gustan!
Para jóvenes que quieren innovar o veteranos sacrificados y/o aventureros, una solución es el biochar, un carbón vegetal pirolizado.
El secreto del biochar no es "quemar" la madera hasta hacerla ceniza, sino pirolizarla: someter la biomasa a altísimas temperaturas con muy poco o nada de oxígeno. Así se convierte en un carbón vegetal muy poroso en lugar de quemarse por completo.
Hay varias maneras de hacer biochar; el que os explico es el método más eficiente y limpio:
-Conseguir un barril grande de chapa (ej. 200 litros) y uno más pequeño que quepa dentro.
-Llenar el barril pequeño con la madera o restos de poda muy apretados y cerrarlo dejando unos pequeños orificios en la base o tapa para que salgan los gases.
-Meter el barril pequeño dentro del grande.
-En el espacio que queda entre ambos barriles, hacer un fuego normal con leña. El fuego exterior calentará el barril interior a más de 400 °C sin que le entre oxígeno.
-Cuando deje de salir humo del barril interior, dejar enfriar. Se obtiene un biochar de altísima calidad.
El biochar recién hecho es como una esponja totalmente vacía. Si se echa directo a la tierra arcilloso-calcárea, absorberá el agua y los pocos nutrientes que tenga el suelo, lo cual sería nefasto. Así que manos a la obra:
-Triturar el carbón hasta que quede en trozos pequeños (tamaño garbanzo o más fino).
-Mezclar al 50% con compost fresco, estiércol o purín de ortiga.
-Dejar reposar en un cubo/cubeta húmedo durante 2 a 4 semanas.
Durante ese tiempo, la "esponja" se llenará de bacterias beneficiosas y nutrientes. Después de eso, incorporarlo al huerto. Dicen que mejora permanente la estructura del suelo.
En este tipo de suelos, la materia orgánica se degrada ipso facto al combinarse un pH muy alto, el ión calcio a porrillo y las hambrientas bacterias, que esperan ansiosas cualquier alimento, pobretas.
Aunque la arcilla retiene la humedad, el exceso de calcio hace que las partículas de arcilla se agrupen formando una estructura muy porosa y flocula. Entra mucho oxígeno, lo cual enloquece a las bacterias que se comen la materia orgánica como si no hubiera un mañana. En lugar de transformarse en humus estable a largo plazo, la materia orgánica se mineraliza (se transforma directamente en CO2, agua y nutrientes solubles que se lavan con el riego.)
¿Hay solución? Dicen que sí. Lo veremos en la próxima entrada.
De manera que, en efecto, ha quedado rostizada. De esplendorosa, nada.
Ya no hay escapatoria en sentido latitudinal; sólo queda la altitud. Tengo para mí que por debajo de los 1500 metros el juego se acabó. Game over.
El chopillo estaba bien.
Pero ya no. A tomar viento el chopo. Ha quedado rostizado.
Lo mantengo ahí, sin arrancar, más como tótem que por otra cosa.
Pues a la porra la Fuchsia. No ha sido falta de riego ni exceso de él: la planta ha colapsado por el calor.
El peligro es cierto y presente.
En la carretera que va de Valderrobres a Fuentespalda está la Carrasca del Morro Badat. Se le calculan 300 años de edad, mide 16 metros de alto y la copa proyecta una sombra de 23 metros de diámetro. Es recuerdo vivo de los carrascales que poblaban estas tierras antes de que los humanos acabaran degradando el mundo. Es Árbol Singular de Aragón y nos ha llegado al corazón.
1. Resistencia al viento:
2. Efecto del calor:
A pesar de los calores adelantados, la belleza de los Ciclamen, situados en el lugar adecuado protegidos de los rayos del sol, nos continúa maravillando. Os invito a disfrutar de sus tonalidades individuales, cada uno siempre con su matiz diferenciador.
Para darle a la tomatera el cobre que necesita a nivel metabólico puede recurrirse a algo muy sencillo: enterrar pequeños objetos de cobre a unos 20 cm de la plata. Pueden ser trozos de cable a los que se le ha retirado el revestimiento plástico o, como en mi caso, moneditas y otras partes de una baratija.
También puede hacerse un anillo de cable de cobre que rodee la planta en la base, que quede a unos 10 cm de distancia del tronco.
Otro truco para revitalizar orquídeas: agua de arroz 🍚
El arroz libera vitamina B y fósforo al remojar una taza de arroz en dos tazas de agua durante 30 minutos. Con el agua blanquecina obtenida se limpian las hojas con un algodón.
También con este agua se pueden regar las plantas puesto que con la concentración de nutrientes que se obtiene no se queman las raíces.
Cuando encuentro plantitas así, las llevo a mi hospital, donde reciben inmediata atención. Con el cuidado diario, recuperan su lozanía y vuelven a ser hermosos seres vivos. Estas son parte de mis plantitas curadas. Otras están aún en observación, pero se van a poner bien dentro de poco.