Hace siglos, el Matarranya, como casi toda la Península ibérica, era un bosque. Poco queda de aquel ecosistema original, poco por no decir nada. Aunque un poco de magia ha permitido que ciertos árboles monumentales den testimonio de esos tiempos más gloriosos.
En la carretera que va de Valderrobres a Fuentespalda está la Carrasca del Morro Badat. Se le calculan 300 años de edad, mide 16 metros de alto y la copa proyecta una sombra de 23 metros de diámetro. Es recuerdo vivo de los carrascales que poblaban estas tierras antes de que los humanos acabaran degradando el mundo. Es Árbol Singular de Aragón y nos ha llegado al corazón.

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