martes, 18 de abril de 2017

EL ENCANTO DE LOS OPUESTOS



Tengo tendencia a enamorarme de lo difícil, lo débil y lo defectuoso; así pues me han regalado dos rosales de lo más delicado que hay en el jardín de la floricultura rosácea: uno de flores blancas y otro de flores lilas. Este último es el peor. Y de mis cuidados dependerá que florezcan o mueran.
Sin embargo, a su ser y asilvestrado crece este rosal trepador que alguien plantó en su día al lado de una chocilla de huerto. Eleva al cielo sus bellísimas rosas rojas.
Todo tiene su encanto: lo usual por rústico y lo excepcional por exquisito.

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