Merece la pena pasar temporadas añadiendo a la compostera hojas, pequeñas ramas, césped cortado, restos de poda, materia orgánica en general porque el resultado es este magnífico compost que nos ahorra tener que comprar tierra. El proceso este año se ha acelerado gracias a las lluvias; recordemos que si no llueve, no hay compost (a no ser que tú mismo te encargues de mojar la compostera periódicamente), pues los materiales quedan amojamados y se secan. Tenemos bastantes lombrices en el montón, señal inequívoca de triunfito.

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