Compré unos albaricoques baratos porque estaban muy maduros y al llegar a casa comprobé que no se podían comer porque se habían espachurrado. ¡Pero no hay que tirarlos! Hice mermelada: separé los huesos y mezclé la pulpa (sin pelar) con azúcar; puesta la mezcla al fuego se hace hervir removiendo y cuando se espesa se aplasta con un tenedor. La mermelada así obtenida se mete en botes que se esterilizarán sumergiéndolos en una olla con agua que hierva durante 20 minutos.

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