sábado, 22 de agosto de 2026

EL MUSEO PICASSO


 En los museos habitan energías. Y en el museo Picasso de Horta de Sant Joan hay muchas. 

Tres plantas tiene el edificio. La inferior la ocupa en este momento una exposición de fotografías de diferentes aspectos de Horta de Sant Joan y de su gente, algunas hechas por Picasso. Es importante leer las cartelas que explican cada una de las piezas expuestas porque ayudan a entrar en aquel mundo.



En el primer piso está la obra de Picasso joven, el que se fue con su amigo Manuel Pallarès als Ports durante semanas, después de recuperarse de una enfermedad vírica. Picasso pintó gente, fauna y flora, campos y masets, montañas sagradas. Y más obras habría de no ser por una tormenta de final de agosto que se llevó por delante los cuadros que los dos amigos guardaban en la bauma dels Ports en la que vivieron en esos días; y los que no se llevó la tormenta, los tuvieron que quemar en una hoguera para pasar aquella fría noche tormentosa. 




En el primer piso hay buena energía; es una obra realista, calmada diría yo.

Pero todo cambia en el segundo piso: allí las pinturas son oscuras, deformes, globulosas y cubistas. Los colores verdosos, grises, parecen absorber a quien observa los cuadros, atrayéndolo hacia algún pozo extraño. De este piso no hago fotos: bajo sin acabar de ver toda la obra expuesta.

Antes de acabar la visita, vuelvo a recorrer el primer piso, el del paisaje y la calma. Respiro hondo, vuelvo a ver los apuntes de las cabritas y salgo al sol del mediodía de la Terra Alta.


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