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miércoles, 3 de septiembre de 2014

¡A PONERSE MORADO!

Es de escasa afición hacer mermelada de moras, mayormente porque al recogerlas pinchan aunque se vaya con gran cuidado. La zarcillla siempre acaba por abrirse camino y ensartar nuestras santas carnes con ese aguijonazo que nos exaspera a la par que nos excita con ese dolor agudo y profundo. Venenosilla en su extremo más punzante, en el cual guarda moléculas productoras de desazón profunda, la zarzamora claudica frente a la hábil mano humanoide para dejarse recolectar sus preciosos frutillos, que en manos adecuadas se transforman en mermelada, ese pringoso manjar que se unta sobre una hogaza de pan con mantequilla y se ingiere junto a un vaso de leche. La receta de su elaboración campa en algún lugar de este blog, pero es tan sencillo que hasta se vuelve recomendable y entretenida tarea para criaturas aprendices de alquimistas culinarios. Es su momento: recolectad y comed moras. Os acordaréis de mi...

2 comentarios:

Juli Gan dijo...

Mmm. Moras. Y dentro de nada, castañas. :D

Robin dijo...

Ay...por aquí castañas no se dan...demasiado seco. La castaña de siempre ha querido más humedad...jejeje...