Es obvio que la mejor solución en caso de que el torrijal se haya instaurado en vuestra zona es cambiar de sitio. Otro lugar donde llueva, refresque por las noches y la tierra sea medianamente fértil es aconsejable para no dejarse media vida, la salud y el dinero si se tiene.
Para jóvenes que quieren innovar o veteranos sacrificados y/o aventureros, una solución es el biochar, un carbón vegetal pirolizado.
El secreto del biochar no es "quemar" la madera hasta hacerla ceniza, sino pirolizarla: someter la biomasa a altísimas temperaturas con muy poco o nada de oxígeno. Así se convierte en un carbón vegetal muy poroso en lugar de quemarse por completo.
Hay varias maneras de hacer biochar; el que os explico es el método más eficiente y limpio:
-Conseguir un barril grande de chapa (ej. 200 litros) y uno más pequeño que quepa dentro.
-Llenar el barril pequeño con la madera o restos de poda muy apretados y cerrarlo dejando unos pequeños orificios en la base o tapa para que salgan los gases.
-Meter el barril pequeño dentro del grande.
-En el espacio que queda entre ambos barriles, hacer un fuego normal con leña. El fuego exterior calentará el barril interior a más de 400 °C sin que le entre oxígeno.
-Cuando deje de salir humo del barril interior, dejar enfriar. Se obtiene un biochar de altísima calidad.
El biochar recién hecho es como una esponja totalmente vacía. Si se echa directo a la tierra arcilloso-calcárea, absorberá el agua y los pocos nutrientes que tenga el suelo, lo cual sería nefasto. Así que manos a la obra:
-Triturar el carbón hasta que quede en trozos pequeños (tamaño garbanzo o más fino).
-Mezclar al 50% con compost fresco, estiércol o purín de ortiga.
-Dejar reposar en un cubo/cubeta húmedo durante 2 a 4 semanas.
Durante ese tiempo, la "esponja" se llenará de bacterias beneficiosas y nutrientes. Después de eso, incorporarlo al huerto. Dicen que mejora permanente la estructura del suelo.

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