Iba a ser horroroso: el Mediterráneo, recalentado como un horno, sería capaz de generar horribles fenómenos apocalípticos.
Pues nada de nada. Van viniendo bandas de nubes desde el oeste y cuando llegan a estas alturas, adiós muy buenas. Estos últimos días lo máximo que ha pasado es: una mañana, un trueno (uno sólo) y gotas que se podían contar. Y dos tardes, sendos truenos únicos y ya ni una sola gota.
De verdad que quienes pronostican vayan a un cursillo de reciclaje o algo.

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