En vano hemos esperado la llegada de unas temperaturas más amables o de unas lluvias que calmaran la sed de la tierra del huerto sisquellano: las tomateras se han secado. Sextas víctimas del clima desordenado que nos ha tocado en estos tiempos amorfos y que nos apena mucho, porque de semillas las crié y esperaba buenos tomates. Por supuesto (y ahora sí, porque lo he dicho muchas veces y siempre vuelvo a plantar) ya no hago más huerto aquí. Porque en la próxima entrada hablaré de las nubes de dípteros que se han transformado en azote continuo y que pican como locos a la que te mueves por el exterior.

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