Nuestras amigas las cabrillas de Gard nos dan una leche que permite fabricar unas joyas, rojas. Rojo es el color de estas tierras, rojo…pero también verde, también…todos, todos los colores, todas las texturas…
Este queso se hace madurar habiéndolo frotado previamente con vino rojo de los Costers de Nîmes. Va evolucionando la pieza adquiriendo un color ocre, rojizo. Y dentro, esa pasta untuosa, que ha guardado la humedad que la corteza ha protegido. Diríamos pues que este queso nos viene maridado ya en origen, pues sin duda alguna el vino que lo debe acompañar es un rojo Costers de Nîmes. Digamos que es su esencia, sin duda alguna.

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