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jueves, 5 de noviembre de 2015

LA SANGRE DE LA TIERRA

Foto: werkami.com
Retomamos el hilo de lo expuesto ayer sobre el arranque de viñedos. Me indignan varias cosas, a saber: que en una tarde, con un tractorcico y unos aperos, se acabe con la vida de unas cepas que a buen seguro han tardado decenas de años en crecer. Esas viñas, en zonas como la presente, no ocupan grandes extensiones: son terruños de escasa superficie, adaptados a la orografía quebrada del lugar. Decenas de años de crecimiento vegetal son asesinados en unas horas. Y lo que clama al cielo es que los agricultores que hacen tal cosa es porque el arranque de viña está subvencionado, cómo no. Si algo no rinde, ¡fuera!, ni que sea herencia y trabajo de generaciones. "La pela és la pela y no estamos para sentimentalismos, que hemos sufrido mucho". No dudamos del sufrimiento ajeno, pero lo que más mal sabe es que te lo diga gente que está forrada, o sea, que no les viene de un jornal de viña. Es una lástima que las zonas agrarias pierdan diversidad, en mayor grado las que están catalogadas como zona desfavorecida. Todo el mundo se apunta al caballo ganador, es normal; pero apostar por monocultivos es empobrecer, limitar: es época de imaginar, expandir, crear. Un buen vino ecológico es una apuesta de presente. Es la sangre de la tierra. Y lo que da más rabia es que los que queremos continuar, cultivar y relevar a los viejos, no podemos porque no tenemos. El pan de Dios (siempre tan gracioso) para quien no tiene dientes.

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