El recordar estos días la película
Ocean´s eleven me ha llevado a su vez a rememorar los tiempos universitarios gloriosos en los cuales éramos unos
enfants terribles de campeonato.
Tenía yo un colega que era la repera. Juntos éramos la piel de Barrabás. Jamás me he reído tanto, tanto, como con mi amigo C. R. Y al loro...
C.R y yo jamás tuvimos trato carnal: él tenía novia, y yo por aquellos tiempos andaba en retoces amorosos con cierto fermoso mancebo moldeado en gimnasio. Mmmm....
Pero C. R. y yo éramos magníficos juntos. Montábamos unos pollos...nos íbamos de excursión, a jugar a tenis, a antros tuguriosos...todo junto a un grupo de gente muy, muy especial: una pareja esotérica que decían se habían conocido en vidas anteriores (se casaron y al poco se divorciaron), un echador de cartas, Javi el que tenía unos ojos
como dos puñalás en los sobacos de pequeñillos que eran, Rafica el
heavy con el corazón de oro, Nuri la pianista enamorada del
heavy..., Manolillo, una dulzura de muchacho....unos tahúres de campeonato. Tanto es así, que un día montamos una timba de póker en el bar del campus.
La escena era formidable. Unas mesas juntas, público de pie alrededor y varios pollitos jugando al póker. Entre ellos yo, por supuesto. Descubierto, creo recordar. El juego fue avanzando...y al final, quedamos Rafica y yo. En juego, 500
chufas de las de antes, de los años 80. Representaba el
bono-tren de la semana (estábamos en la Autónoma-todos en pie-en Bellaterra) y la comida de algunos días.
Rafica era un
heavy con chupa de cuero y tachuelas varias. La apuesta, pues, era de obligado cumplimiento. Sobre la mesa, los billetitos de marras. Y la mano final...
Mierda.
Así que perdí la
pasta. Pero no sé si sabréis que los
heavies, envueltos en esas chupas de cuero y abalorios intimidantes, tienen un corazón de leche y miel, hermoso. Al menos Rafica. Cuando la gente se dispersó, Rafica, tendiéndome el billete de 500, me dijo:
eh, vamos, quédatelo...-Una apuesta es una apuesta-le contesté...
y se paga, muchacho...
Le guiñé el ojo.
Gloriosos tiempos, gloriosos...