Pero hace unos días, a última hora de la tarde, vi que Beltzi, la conejita negra, estaba muy quieta, extendida de lado...demasiado quieta.
Estaba muerta.
A la mañana siguiente, su hermana Luna amaneció en perfecto estado. Pero sobre el mediodía dio unos saltos muy violentos dentro la jaula. Me acerqué de inmediato para ver cómo se tendía también de lado y en cuestión de minutos moría.
Nunca más tendré conejos.

















