domingo, 26 de diciembre de 2010

LA SIESTA DEL CARNERO


El otro día oí por la radio el significado de esta frase: la siesta del carnero; es un breve momento de sueño que los pastores se regalaban antes de la comida. Me extrañó: ¿una siesta antes de comer? Qué raro...
Yo cuando era pequeña, siempre quería que por vacaciones fuésemos con la familia al Pirineo. Allí, en cuanto podía, hacía que fuéramos a los pastos altos, para ver los rebaños. Un lugar muy hermoso es el Pla d´Anyella, cerca de La Molina, en la zona del Coll de la Creueta. Una vez allí, me pasaba algo especial: cuando oía los cencerros del ganado, que en verano estaban por miles dispersos por los pastos, vacas, ovejas, cabras y caballos, me entraba como una especie de somnolencia, y me quedaba como extasiada: la música de los cencerros entraba dentro de mí, pero era como si rebotase por dentro mío, es la mejor manera que tengo de expresar la sensación. Como una especie de OMMMM....de los tibetanos. O como el sonido de las trompetas tibetanas. Pero el éxtasis pastoril no podía durar mucho, porque alguien de la familia, detectando el descenso de actividad vital, siempre acababa despertándote con un pero que te pasa, hija, que estás pasmada...
Ahora que tengo mi propio rebaño, puedo decir que la siesta del carnero de nuestros pastores de antaño, más que una siesta, creo que era una especie de trance. Porque yo, incluso caminando, cuando vamos pastando, entro en un estado de paz interior al oir la música de los cencerros. Cada campanita con su tono diferente...cada una identificable, cada una formando una armonía con las demás...A ver si este verano, que ya no habrá tanto trabajo de construcción, puedo tumbarme debajo de un olivo y disfrutar de mi siesta del carnero. En la foto, este pasado verano, con chivo, pero sin siesta.

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